Según un artículo que he leído recientemente de Elsa Punset, la felicidad depende en un 50% de nuestra actitud.
Elsa Punset dirige el Laboratorio de Aprendizaje Social y Emocional de la Universidad Camilo José Cela. Lleva años dando pautas y respuestas a las cuestiones que preocupan a todos: cómo afrontar los miedos y las decepciones y cómo combatir la tristeza. “Hay pequeños gestos para ser creativos, tomar decisiones, conseguir metas, hablar en público, superar el desamor, potenciar nuestro caudal de alegría. Porque la felicidad depende, casi en un 50% de nuestra actitud”.
De todo eso habla en Una mochila para el universo, una guía con 21 rutas para manejar de un modo provechoso las emociones. “Nuestro cerebro está programado para temer el cambio, para buscar la supervivencia, es conservador y temeroso, tiene un sesgo negativo; pero igual que se entrena el cuerpo, el cerebro se puede entrenar para potenciar las emociones positivas: nuestras decepciones, miedos y esperanzas son gestionables”.
Su manual de combate contra la infelicidad está sembrado de estudios neurocientíficos y cifras curiosas: ganar 13.000 euros adicionales al año aumenta la felicidad un 2% mientras que un amigo feliz la potencia un 12%, por ejemplo.
Para ser feliz hay que estar predispuesto a ello, aunque cueste; hay que sonreír sin ganas, hay que disfrutar de cada detalle de nuestra vida cotidiana. También para la buena suerte hay que esforzarse: “Los que la tienen saben reconocer las oportunidades".
El optimismo se contagia, como todas las emociones. Es recomendable rodearse de personas positivas y alegres. ¿Y si el entorno no acompaña? “A veces hay que cambiar el entorno, aunque no es fácil porque nos resistimos al cambio”, responde.
Algunos trucos para saltar obstáculos: pensar en soluciones en lugar de estancarnos en la visión de los problemas, potenciar la creatividad... “La única ventaja de las crisis es que ofrecen la posibilidad de que surja algo mejor”, dice Elsa Punset.
Y no olvidar el presente. Si nos obsesionamos con el pasado y el futuro, nos perdemos el ahora. Por eso las cebras no se deprimen: cuando las ataca el león se estresan, y si sobreviven, olvidan el incidente de inmediato.
“El pensamiento crea nuestra química, tenemos poder sobre nuestro cerebro y nuestra forma de sentir”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario